Ahora sopla el viento, pero no el viento enlutado, tampoco aquel que sobre si trae esperanzas, más bien ese antiguo aliento que vivifica, yo antigua nave, atravesando mares absurdos, vengo encallando otra vez, velas rotas y envejecidas, los mástiles de mi
dolor medio caídos, con mi nombre escrito en la frente, he triado mercancías de tierras desconocidas, traigo esclavos y viejos errantes conmigo, mi bandera ondea vigorosa en lo alto, quiero llegar al puerto eterno, quiero anclar en el lugar de los santos, vencer las olas, sostener sobre mis sienes la corona, olvidar el azote del mar, beber eternamente de la vid deseada, naufragar en la luz que ha vencido, divisar tierras asombrosa, conquistar la heredad prometida...resucitar.

VII

Las cumbres desconocidas donde camine tanto tiempo parecieron ya insoportables, una vez desvíe mis ojos, desvíe mi rumbo y tome rutas que me parecieron desafiantes y sublimes, entonces perdí mi vocación, mi mente comenzó a errar, mi corazón se lleno de
ira, me convoque a mi mismo a cruzadas oscuras, empuñe la soberbia como espada, ceñí mi cuerpo de corrupción, y más erraba mi mente, mas perdía el camino hacia la luz, me sofoque de mi propia maldad, ya no había cantos en mi boca, más bien parecía mi lengua
un manojo de maldiciones, me rodearon cadenas y lazos, había perdido mi corona y mis vestidos, eran viles, mis rodillas eran incapaces de doblase, mi espíritu era como un viejo castillo de gris roca, olvidado, envejecido, logre ocultar mi nombre, pero desfallecí, perdí el vigor, toda aquella mentira se caía y yo con ella, mi alma gemía por aquellos tiempos en que se regocijaba de salvación, aquellas horas de destellos indecibles y felicidad donde me embriagaba de amor, decidí entonces recordar de donde venia, cuál era mi nombre, y postrado en tierra sentí su mano fiel y poderosa, su voz me dijo SÍGUEME.