Retomar la vieja fórmula con la fuerza del Espíritu, entonar himnos de guerra pero dirigidos por el cielo, doblar mis rodillas pero no de debilidad, llorar aunque no de tristeza, desenterrar las antiguas construcciones de futuros muertos; ignorar al corazón
de la maldad, oh viejo maestro...siempre mirando en lo alto, siempre mirando la vasta densidad de visiones desterradas, el fuego en mis venas va y viene, el bien y el mal en mi mesa, la ignorancia sirviéndonos el plato horrendo, ya no hay sacrificios ni corderos el
Como un herido de guerra, con la desnudez de la derrota, mis ojos desechos de llantos y tristezas, me arrastre hacia la luz, aquel torrente hermoso de colores desconocidos, y acogido por su cálido hálito me abandone como el que baja a la tumba Una noche indescifrable con el cuerpo enterrado sobre un campo de batalla ensangrentado, vi discurrir velos de derrota y tristeza que yacían junto a mí a la hora del ocaso de aquel cuadro desafiante, mi aliento era débil, mi piel herida vio tu mano pálida enjugar el acero y el temor de mi frente, tus vestidos flotaban en el aire, tus cabellos dorados me refugiaron de potestades febriles,Afinaste mi arpa me mostraste como subir al cielo y descender con alas de bronce, no eras una visión porque te veía ir y venir en medio de aquel reino ,tenía entre mis manos el vibrar suave de tu amor.
X
En lo alto el Espíritu vuelve a flotar sobre el caos, los santos se esconden en las catacumbas del temor, formas oblicuas se abren paso atravez de las luces imposibles, una vez más olvide quien soy, mis pasos son ajenos, ya no hay más llanto, mi fe está enferma, hay cuerpos veloces que me estremecen, los que me señalan no me ven, los que me odian me alimentan, los templos se balancean a lado y lado de las autopistas, la atmósfera está triste, yo he visto atravez del cielo de mi duda la luz, vi a la serpiente antigua aplastada como un tren eléctrico bajo un puente derribado, debo salir del manto lúgubre de la carne, exaltar mis sentidos y subir, elevarme, expiar el mundo desde arriba, no hay
sueño, solo cantos inefables y bellos, las alas de huestes amorosas y un lecho para el cansancio del que cree haberse perdido... una mano extendida.
